23-F, un plan orquestado que sí ha triunfado
El fracaso de la intentona militar sirvió para fortalecer el separatismo

El empresario malagueño Ignacio López Brú publicó en 2013 el libro Las cloacas del 11-M, que se convirtió en el libro más vendido de la editorial, teniendo hasta 4 ediciones revisadas y actualizadas. Pero además incluye un apéndice sobre el 23-F donde manifiesta que, si bien fracasó la intentona golpista, no lo hizo el ‘Plan B’, diseñado para ese fracaso y un triunfo bien distinto. A continuación damos un avance.

¿Cómo ha llegado España al borde del precipicio en que nos encontramos? ¿Qué de ejemplar tiene el proceso de la Transición, que ha desembocado, 35 años después, en la ruina del país y en la más que probable fragmentación de la nación más antigua de Europa? ¿Cuándo empezó todo?

Con el 23-F empezó un proceso imparable de usurpación y desposesión de los españoles de las riendas de su destino

Si echamos la vista atrás entre todas nuestras adversidades destaca con valor propio el 23-F. Ahí empezó ese proceso imparable de usurpación y desposesión de los españoles de las riendas de su destino. Los libros de Jesús Palacios y Martín Bravo Navarro, entre otros, han sido fundamentales para que se empiece a revisar una historia que comparte con el 11-M cinco rasgos que les asemejan, de los que destacamos, ahora, dos: su carácter de golpe político -para determinar el curso de nuestra historia-, y el que se haya impuesto por los beneficiarios una Versión Oficial de los hechos más que discutible.

Vamos a exponer al lector las reflexiones que nos ha suscitado la lectura de estos libros, que consideramos que vienen muy a propósito con el objetivo general de este trabajo. Jesús Palacios (2001: 25) cambió totalmente la visión que se tenía sobre el 23-F que explicó, básicamente, en estos términos:

«[…] el 23-F fue un golpe de diseño, una operación de Estado Mayor del CESID puesta en marcha por el teniente coronel Javier Calderón y el comandante José Luis Cortina… Jamás pretendió tener carácter involutivo ni el deseo de retornar a ninguna fórmula del reciente pasado autoritario o de dictadura; por el contrario, la operación quirúrgica tenía por objeto reforzar el Estado y la Corona bajo el sistema democrático, que se estaba cayendo a pedazos por la grave crisis abierta entre la clase política, corregir los excesos de un inventado proceso autonómico y frenar su alocado y suicida desarrollo, modificar parte de la Constitución, sobre todo el Título VIII, […] dar una batalla dura al terrorismo […] e impulsar el sentido de nación, el concepto de España».

Ni Tejero, ni Miláns, como tituló su libro la persona que estaba de guardia en la Agrupación Operativa de Misiones Especiales (AOME) la tarde del 23 de febrero, Juan Alberto Perote (2001). Se trataría de una operación de inteligencia en la que se utilizó al ejército y a la clase política para hacer una cosa distinta de la que los actores del drama creían perseguir.

Los antecedentes del 23-F están perfectamente explicitados por Palacios: crisis política, excesos autonómicos con una evolución impredecible, y terrorismo desbocado. Todo ello dio lugar a ese caldo de cultivo que se conoció como el “ruido de sables”. ¿Había malestar en el ejército? Desde luego, pero no sólo por esos motivos. La política sectaria del vicepresidente Gutiérrez Mellado y los errores de Adolfo Suárez, sobre todo por engañar al ejército con la legalización del Partido Comunista —que dos meses antes le había prometido que no haría—, fueron más importantes, si cabe, para fomentar el descontento castrense.

Ahora bien, que hubiera malestar no significa que hubiera de verdad una «conspiración militar, aunque de boquilla proliferaran todo tipo de conspiraciones militares» (Palacios 2010: 29). A los militares, por mucho que se piense —y que la historia lo contradiga— no les gusta la inestabilidad, las aventuras. El ejército, en bloque, estaba detrás del rey Juan Carlos, al que veían como continuador de la legalidad histórica, que había pasado del Régimen de Franco al régimen democrático, de la ley a la ley, como describió el cerebro de la Transición, Torcuato Fernández Miranda.

No, el auténtico “ruido” no fue de sables, fue sobre todo político, palaciego. Desde el “golpe de timón” propugnado por Josep Tarradellas, pasando por las desestabilizadoras intrigas del PSOE —dispuesto a todo con tal de tocar poder- y las del resto de la clase política para desbancar a un presidente rebasado por su incontrolado aventurismo, se creó el verdadero ambiente “golpista”. En ese caldo de cultivo fue en el que, según Palacios, elementos del CESID, unos servicios secretos al servicio de la Corona y de la persona real, prepararon la operación que desembocó en el 23-F […].




 

 

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