Jose Luis Cortés es un abogado de Málaga que ha fundado y preside un nuevo partido político, Ahora España, un partido de raíces profundas y mirada de futuro en palabras de su fundador. Desde hace tiempo ya trabajan para llegar a las Municipales de 2027.
Ahora España nace de una idea muy sencilla: España no necesita más resignación, necesita carácter
¿Por qué un profesional como usted, con la vida resuelta, se mete en política, y con la dificultad añadida de fundar un partido?
Precisamente porque la tengo resuelta. Quien entra en política para resolver su vida acaba dependiendo de un sueldo público, de un aparato y de unas siglas, y termina votando lo que le mandan. Yo no dependo de nadie, y esa es exactamente la clase de persona que hoy hace falta.
Llevo más de treinta años ejerciendo la abogacía. He defendido a familias arruinadas por cláusulas abusivas, a autónomos asfixiados por la Administración, a empresarios criminalizados, a personas que lo habían perdido todo y peleaban solas contra un banco o contra un expediente kafkiano. Desde ese despacho se ve España como es, no como se cuenta en los platós. Y lo que se ve es que a la gente normal la ha dejado de representar casi todo el mundo.
Fundar un partido es difícil. Pero llevo tres décadas haciendo cosas difíciles. Lo que no podría hacer es mirar para otro lado mientras un joven malagueño no puede alquilar un piso en su propia ciudad. Ahora España nace de una idea muy sencilla: España no necesita más resignación, necesita carácter.
Ahora España no es una escisión, ni una sucursal, ni la prolongación de nada. Nace desde cero, desde la libertad y la persistencia creativa. España no se arregla con obediencia ciega a estructuras agotada
¿Militó usted antes en algún otro partido?
Como cualquier ciudadano con inquietud por su país, en el pasado he tenido militancia en formaciones del espacio de centro-derecha. No lo oculto ni le doy más importancia de la que tiene. Es más: conocer por dentro cómo funcionan los aparatos es precisamente lo que me ha enseñado lo que no quiero repetir.
Porque yo soy, ante todo, un hombre libre. No dependo de un sueldo público, no le debo el pan a ninguna estructura y no tengo que votar lo que me manden. Y esa libertad no es un detalle: es la garantía de que cuando defienda a Málaga y a España lo haré sin ataduras, sin deudas y sin miedo a incomodar a nadie.
Ahora España no es una escisión, ni una sucursal, ni la prolongación de nada. Nace desde cero, desde la libertad y la persistencia creativa. Respeto a quien milita en otras siglas —muchos son gente honrada—, pero España no se arregla con obediencia ciega a estructuras agotadas. Se arregla con hombres y mujeres libres, con convicciones, preparación y coraje para decir en voz alta lo que muchos piensan en voz baja.
No somos un producto de marketing diseñado para ocupar un hueco de mercado electoral
¿Qué aporta Ahora España que no exista ya?
Que no nace del cálculo, sino de la convicción. No somos un producto de marketing diseñado para ocupar un hueco de mercado electoral. Somos la respuesta a algo evidente: hay cientos de miles de españoles que quieren orden, libertad económica, seguridad jurídica y una Administración que ayude en lugar de estorbar, y que no se sienten del todo representados por nadie.
Y aportamos una forma distinta de hablar. Claro, sin complejos, sin insultar pero sin escondernos. Yo vengo de los juzgados y del mundo de la empresa además de la Banca, donde las cosas se demuestran con hechos y con pruebas, no con eslóganes. Esa es la política que quiero traer: menos frase hueca y más contenido verificable.
La política que quiero traer: menos frase hueca y más contenido verificable
¿Dónde se sitúa ideológicamente?
Somos un partido español, constitucionalista, liberal en lo económico y conservador en lo esencial, con un fuerte acento municipalista y reformista. Defendemos la igualdad de todos los españoles ante la ley, la libertad económica, la propiedad privada, el mérito y el esfuerzo.
Pero no somos nostálgicos ni vivimos mirando al retrovisor. Queremos una España moderna, competitiva y digital, que no pida perdón por existir, donde el autónomo no sea tratado como un sospechoso y donde la ley se cumpla para todos. Lo resumo así: raíces profundas y mirada de futuro.
Francisco de la Torre no es un candidato, es una institución en sí mismo
Francisco de la Torre gobierna Málaga desde el año 2000. Tiene ya 83 años y hace unos días evitó confirmar si repetirá en 2027. Si el PP concurre con otro candidato, ¿se abre la contienda?
Se abre de par en par, y cualquier análisis serio lo sabe. Francisco de la Torre no es un candidato, es una institución en sí mismo: lleva veintiséis años al frente de la ciudad y hay muchísimos malagueños que votan al alcalde antes que a las siglas. Es un patrimonio personal, no del partido.
El propio alcalde reconoció hace unos días que el ritmo le pasa factura y que necesita reflexionar sobre su futuro. Con toda la naturalidad y todo el respeto del mundo hacia una trayectoria tan larga: es ley de vida. Y el día que ese liderazgo no esté en la papeleta, el PP se presentará por primera vez en un cuarto de siglo sin su gran activo, en una Málaga que ya no es la de hace veinte años.
Porque Málaga ha cambiado radicalmente: ha crecido, se ha internacionalizado, ha ganado atractivo. Pero también ha ganado problemas serios —vivienda imposible, movilidad tensionada, saturación, pérdida de identidad en los barrios—. En ese escenario nuevo, con liderazgos nuevos, Ahora España tiene muchísimo que decir.
Lo mejor, sin discusión, ha sido poner a Málaga en el mapa; lo peor ha sido no anticipar las consecuencias de ese propio éxito: Málaga se ha vuelto atractiva para el visitante y difícil para el vecino
¿Qué es lo mejor y lo peor de estos veintiséis años de gobierno del PP en Málaga?
Lo mejor, sin discusión, ha sido poner a Málaga en el mapa. Sería mezquino negarlo. Hoy Málaga tiene una marca potente y una proyección cultural, turística y tecnológica que hace veinte años era impensable. Ese trabajo de transformación y de proyección exterior merece reconocimiento.
Lo peor ha sido no anticipar las consecuencias de ese propio éxito. Una ciudad puede morir por abandono, pero también puede enfermar de éxito mal gestionado, y eso es lo que le está pasando a Málaga. Se ha vuelto atractiva para el visitante y difícil para el vecino. La vivienda es el gran drama: hay jóvenes que no pueden quedarse en la ciudad donde nacieron y familias empujadas a la periferia. El comercio de toda la vida sufre. Y hay barrios —El Palo, Ciudad Jardín, Cruz de Humilladero— que sienten que la Málaga del escaparate no es la suya. Una ciudad no se gobierna para la foto: se gobierna para quien vive, trabaja y cría a sus hijos en ella.
No queremos una silla para calentarla ni hacer política decorativa; queremos condicionar políticas y cambiar prioridades
¿Aspiran a entrar en el Ayuntamiento?
No aspiramos solo a entrar: aspiramos a ser decisivos. Nacemos con vocación de gobierno, no de testimonio. No queremos una silla para calentarla ni hacer política decorativa; queremos condicionar políticas y cambiar prioridades.
Sabemos que somos una fuerza nueva y que hay que trabajar hasta el agotamiento. Pero hay una parte importante de Málaga que vota con resignación, gente que dice «no me representa nadie del todo». A esos les ofrecemos una casa política seria, valiente y española. El objetivo es claro: entrar en el Ayuntamiento en mayo de 2027 con fuerza suficiente para que nadie pueda ignorar nuestras propuestas.
Propongo plazos máximos vinculantes para las licencias y silencio administrativo positivo donde la ley lo permita. Buena parte del problema de la vivienda no es de dinero, es de burocracia y de inseguridad jurídica
¿Cuáles serían sus primeras medidas?
La primera, vivienda, porque sin vivienda no hay proyecto de vida ni ciudad. Málaga necesita liberar suelo, colaboración público-privada de verdad y, sobre todo, agilidad: hoy una licencia puede eternizarse durante meses o años, y cada mes de retraso es un piso que no se construye y una familia que no se emancipa. Propongo plazos máximos vinculantes para las licencias y silencio administrativo positivo donde la ley lo permita. Como abogado le aseguro que buena parte del problema de la vivienda no es de dinero, es de burocracia y de inseguridad jurídica.
La segunda, una reforma a fondo de la Administración municipal para que sea un aliado del ciudadano y no una carrera de obstáculos. El tiempo de un autónomo también es dinero.
La tercera, seguridad y orden urbano. Una ciudad amable no es una ciudad débil: Málaga debe ser segura, limpia y ordenada, y eso se defiende sin complejos.
La cuarta, movilidad con soluciones realistas —aparcamientos, transporte público eficaz, conexión metropolitana— y no ocurrencias que castigan al ciudadano sin darle alternativa.
Y la quinta, reequilibrar la ciudad. El centro importa, pero Carretera de Cádiz, Bailén-Miraflores, Teatinos, El Palo y Cruz de Humilladero importan exactamente igual.
Yo no entro en política para administrar la decadencia. Entro para combatirla
Si su voto fuera decisivo para dar la Alcaldía, ¿con qué partido tienen más en común?
No vamos a regalar nuestros votos a nadie, ni al PP ni al PSOE. Hablaremos con quien respete nuestras líneas rojas: igualdad de los españoles ante la ley, libertad económica, seguridad jurídica, apoyo real a autónomos y pymes, menos burocracia y una política de vivienda seria.
Por nuestra visión de la economía y de la sociedad, es evidente que estamos más lejos de la izquierda intervencionista y burocrática que de las fuerzas que defienden la libertad y la iniciativa privada. Pero que quede claro: no nacemos para ser la comparsa de nadie. Si nuestros concejales son decisivos, Málaga será escuchada, y exigiremos las medidas por escrito y con calendario. La política no puede ser un cheque en blanco.
España es una nación de ciudadanos libres e iguales, no una suma de privilegios territoriales
Por último, ¿cómo ve la política nacional y cómo puede contribuir Ahora España a cambiarla?
La veo con mucha preocupación, pero sin pesimismo. Yo no soy pesimista: soy combativo. España vive un deterioro institucional serio, con las instituciones convertidas demasiadas veces en instrumentos de supervivencia política y con la igualdad ante la ley debilitándose.
Frente a eso ofrecemos tres cosas: claridad para decir que España es una nación de ciudadanos libres e iguales, no una suma de privilegios territoriales; firmeza para defender la Constitución, la ley y la libertad frente al abuso del poder; y esperanza, porque este país tiene una fuerza extraordinaria y no está derrotado, solo está esperando que lo despierten.
Empezamos en Málaga, pero nacemos con vocación nacional, porque creemos que la regeneración de España puede empezar desde abajo: desde los municipios, los barrios y la gente que trabaja. Yo no entro en política para administrar la decadencia. Entro para combatirla.