Es sabido que el monarca emérito siempre ha tenido un desmesurado comportamiento de deseo para con las mujeres, por mucho que lo niegue en sus memorias reconciliadoras, y como quiera que ahora, con la hilarante desclasificación de unos papeles denominados «del 23F», se ha sembrado en la población la posibilidad de beatificarlo como paso previo a la canonización, no viene mal recordar que allá por 1973, tras el asesinato de Carrero Blanco, el entonces Príncipe fue partícipe de la «Operación Lolita», no podía tener otro nombre siendo una operación juancarlista, a partir de la cual se pretendía eliminar al presidente del Gobierno Carlos Arias Navarro (políticamente, supongo) para ubicar en su lugar a José María López de Letona.
Para este golpe libertino Juan Carlos I contaba con dos miembros fundamentales de la futura Casa Real, el general Alfonso Armada, quien fuera su preceptor e instructor militar, además de jefe de la Secretaría del Príncipe, y el general de brigada Nicolás Cotoner y Cotoner, marqués de Mondéjar, y posteriormente Jefe de la Casa de S. M. el Rey. La operación fue un fracaso porque un buen día se dieron cuenta de lo difícil que resultaría cambiar, de golpe, a Arias Navarro y a Alejandro Rodríguez de Valcárcel, presidente de las Cortes.
Otra línea golpista era la del periodista Luis María Anson, quien planteaba quitar a Adolfo Suárez de la presidencia del Gobierno
Otra línea golpista era la del periodista Luis María Anson, íntimo del general Armada, quien planteaba la necesidad de quitar a Adolfo Suárez de la presidencia del Gobierno, como así trasladó en un almuerzo celebrado el 20 de julio de 1978 al comandante José María de Peñaranda, antiguo miembro del SECED (el servicio secreto hasta 1977) y en ese momento destinado en el CESID, y al general José Bourgón López-Dóriga, director del CESID.
Anson dijo a los espías que «una maniobra así requería una intervención del rey, que tendría que llamar a González, a Carrillo y hacerles entrar en razón, de buen grado o con el palo». También les dijo que «si hubiese que llegar a una situación de emergencia, habría que caldear la conciencia nacional, justificando la operación desde algunos medios de comunicación».
El 20 de abril de 1979 Anson volvió a comer con López-Doriga y Peñaranda, además de con el comandante Faura Martín, también del CESID. Anson afirmaba que la viabilidad de la operación pasaba porque los líderes políticos votasen en el Parlamento «una situación de excepción, sin que pareciese un golpe de estado. Igual que De Gaulle lo logró en 1958 en Francia».
Las palabras de Anson tomaron vida propia unos días antes del golpe del 23F, concretamente el 19 de febrero de 1981, cuando el Heraldo de España publicó un artículo titulado «La Operación de Gaulle… al revés», firmado por el pseudónimo La meiga rojilla:
«Felipe… en nombre propio y en el ajeno ofrecería ‘su’ alternativa. ¿Un gobierno socialista? ¡No…! Felipe bien aconsejado, se mostraría tan generoso que rechazaría de plano ser el jefe del Gobierno… y propondría… ¡un Gobierno presidido por un militar! ¡Ya está aquí el Plan De Gaulle! Felipe… mostraría ante el pueblo su generosidad, su humildad, su falta de ambición y su amor a la Patria».
¡Un general! ‘El que la va a armar’, ‘el que la tiene armada’ , con experiencia en la Guardia Civil y en la Policía Nacional, antes llamada ‘Armada’ . ¿Lo has adivinado? ¿Sí? Pues entonces, reza conmigo: Santa María, Madre de Dios
El artículo continuaba hablando de tres generales posibles: «¡Un general! Pero, me preguntarás, ¿quién será ese general? Hablabas el otro día de tres generales: ‘el que la va a armar’, ‘el que la tiene armada’ y… Piensa un poco, piensa un poco, piensa un poco más y lo sabrás. No será un teniente general, porque este empleo se va a acabar. Será un general-político, que conozca el problema del País Vasco, aunque no haya hecho nada en él, con prestigio entre el pueblo, con experiencia en los Servicios de Información, con experiencia en la Guardia Civil, por si se plantea el problema de si la Guardia Civil pertenece o no al Ejército, y con experiencia en la Policía Nacional, antes llamada ‘Armada’ y con mando en tropa, no como ocurrió con Gutiérrez Mellado. ¿Lo has adivinado? ¿No? Es porque te falta un detalle, una pista. Ese ‘general’ al que ya han ‘tocado’ los socialistas quiere llegar muy alto… estuvo a punto de ser director de la Guardia Civil y estuvo a punto de ser ministro de Defensa. y hasta tiene el ‘visto bueno’ de las mujeres, que tienen mucha importancia en la vida política española. ¿Lo has adivinado? ¿Sí? Pues entonces, reza conmigo: Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros… Amén».
La terna para este golpe socialista de un gobierno civil presidido por un militar con tendencias democráticas, y con pretensión de ejecutarlo una vez en el poder Leopoldo Calvo Sotelo, eran los tenientes generales Manuel Diez-Alegría y Manuel Gutiérrez Mellado, y el general de División José Antonio Sáenz de Santamaría, de ahí lo de «Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros… Amén».
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Vaya pedazo de artículo!