Esther Sullastres: cuando la resiliencia es el nombre elegante del abandono
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El número que el fútbol prefiere olvidar

588 días es mucho tiempo para que te ignoren. Es tiempo suficiente para operarse, rehabilitarse, avanzar en una carrera universitaria y preguntarse si tiene sentido seguir. Ese fue el intervalo entre la rotura de ligamento cruzado de Esther Sullastres y su regreso a un partido oficial.

Hoy es portera titular del Sevilla FC, la jugadora con más paradas en la Liga F y una de las convocadas para la Eurocopa 2025. El fútbol la celebra. Hace no tanto, la dejó sola.

 

El plan B que no debería haber sido necesario

Lo que dice más sobre el fútbol femenino que cualquier estadística de rendimiento es la decisión que tomó durante la recuperación: retomar sus estudios de veterinaria. No como distracción, sino como respuesta concreta a lo que le estaban diciendo en su momento más vulnerable. Una jugadora en la cima de su carrera no debería necesitar un plan alternativo para sostenerse si todo falla.

Que Sullastres lo haya construido revela algo que los números no muestran: el fútbol femenino de élite todavía no garantiza red cuando el talento cae.

 

Lo que no existía cuando más falta hacía

La lesión llegó en enero de 2018 y la rehabilitación se hizo en una mutua de accidentes laborales, al margen de las estructuras del club. Cuando terminó la temporada, el contrato no se renovó. No había un protocolo que la sostuviera mientras reconstruía la rodilla y evaluaba si su carrera tenía futuro. Lo que sí hubo fueron decisiones individuales fuera de cualquier obligación: primero el Deportivo Abanca, después el Sevilla.

Los clubes que aparecieron en el camino hicieron lo que la estructura no aseguraba. El regreso al alto nivel no fue una consecuencia del sistema, fue el resultado de haber encontrado quién apostara sin garantías.

 

La coartada de la resiliencia

Ahí aparece el problema que su historia deja expuesto. Cuando el fútbol celebra el regreso de una jugadora que se reconstruyó sola, también está validando, sin decirlo, que ese recorrido haya sido necesario.

La resiliencia es una virtud real, pero en el deporte femenino funciona demasiadas veces como coartada: falla la estructura, la jugadora se rehace por su cuenta, y después la estructura vuelve a escena para contar la historia como propia. Sullastres no solo volvió: tuvo carácter excepcional, construyó una alternativa que le dio margen y encontró personas dispuestas a apostar cuando no había garantías.

 

La pregunta que el regreso no responde

Celebrar su regreso es justo. Pero la celebración no debería cerrar la pregunta sino abrirla. Cuántas jugadoras no volvieron porque les faltó una de esas condiciones.

El fútbol femenino lleva años reclamando estructuras equiparables a las del masculino y este caso muestra por qué no es un reclamo sectorial sino una condición básica: que el talento no dependa de la suerte. Su regreso le pertenece. El recorrido que tuvo que hacer para lograrlo, no.

Eduardo Muñoz y H. G. Amo acaban de publicar La doble cara del gol, que llegará a las librerías el 16 de abril. El libro está prologado por Esther Sullastres.

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