El mercado inmobiliario en España atraviesa una crisis de estructura que va más allá de los precios de los alquileres. Según el último informe analizado por el experto Javier Gil, los datos revelan una concentración de la propiedad sin precedentes. La clase media, tradicionalmente propietaria de una sola vivienda, está desapareciendo para dar paso a un escenario dual: una masa creciente de ciudadanos que no poseen nada y un grupo selecto de multipropietarios que acumulan el parque inmobiliario.
Los datos recogidos entre 2008 y 2022 son demoledores. La categoría de hogares con una sola propiedad ha caído un 22,4%, lo que indica que la pequeña propiedad está en retroceso. Mientras tanto, el número de hogares con cero propiedades ha subido un 63,4%, reflejando la barrera insalvable que supone hoy entrar en el mercado.
Esta tendencia no afecta a todos por igual. Mientras el acceso se cierra para la mayoría, los multipropietarios (con 2 o más viviendas) han crecido un 53,5%. Este fenómeno sugiere que la vivienda ha dejado de ser un derecho de uso para consolidarse como un activo financiero de alta concentración, donde el capital fluye hacia quienes ya poseen propiedades, dejando al resto en un régimen de alquiler permanente.
El informe advierte que este sistema «parte el país en dos». Por un lado, una generación que hereda o acumula rentas inmobiliarias; por otro, una mayoría social que destina gran parte de sus ingresos a pagar alquileres que alimentan, precisamente, esa acumulación. En ciudades con alta presión turística y de inversión como Málaga, este fenómeno se agrava, expulsando a los residentes locales de sus propios barrios.
La conclusión es clara: el problema de la vivienda no es solo de falta de oferta, sino de quién es el dueño de lo que ya existe. Si la propiedad sigue concentrándose en pocas manos, la brecha social continuará ensanchándose, comprometiendo la estabilidad económica de millones de familias.