Entrevista a Alba Tubilla, autora de La jaula invisible
«No creía ni confiaba en ningún ser humano»

Alba Tubilla saltó del anonimato después de que en la primavera pasada fuera entrevistada por Íker Jiménez en Cuarto Milenio. Desde entonces recorre platós donde concede entrevistas para podcast, el medio por el que más se informa la juventud. Nació en una secta que fundaron sus padres. Toda una infancia y gran parte de la juventud viviendo en una jaula invisible y haciéndola creer que todo el mundo exterior era malo. Su experiencia de la refleja en el libro La jaula invisible. Crecer y escapar de una secta esotérica, publicado en octubre de 2025 pero que en los inicios de 2026 se coloca en el número 2 de su editorial Última Línea.

«No creía ni confiaba en ningún ser humano»

Crecer en una secta: una realidad paralela

Naciste en una secta surgida como ‘escisión’ de Misión RAMA. ¿Cómo es el ‘mundo normal’ para quien vive en esa burbuja?

Me gustaría poner en contexto que mi respuesta, es desde la visión que tenía, personalmente, cuando era una niña. Para mí el ‘mundo normal’, como se me presentaba era un lugar donde había que cumplir con el sistema social, trabajos, colegio y trámites varios para no dar problemas en la sociedad, y así hacer lo que mis padres/grupo querían hacer.

Efectivamente era una escisión de Misión RAMA, que se autodenominaba ‘Hermandad RAMA’, hasta que, en los años 90, se cerraron como organización definitivamente, y solo nos relacionábamos de forma más habitual con las propias personas agrupadas los años anteriores.

Familia, secta y búsqueda de sentido

Este grupo fue fundado por tus padres. ¿Cómo unos padres pueden poner por encima los presuntos intereses colectivos del grupo a los cuidados de su hija?

En mi comunidad, en Reus, sí fue fundado por mis padres. Formaban parte de la ‘Hermandad RAMA’. Mi padre impulsó ese camino espiritual. Creían en el contacto con “hermanos mayores”. Vivir en comunidad era el precio para evolucionar. Mi madre quería ser madre. Mi padre la apoyó, pero no era su deseo principal. Ambos buscaban un sentido profundo a sus vidas. Tenían dificultades personales y encontraron en este movimiento respuestas a sus preguntas existenciales.

«En mi mente infantil pensaba que quitarme de en medio iba a facilitar las cosas a mis padres»

Infancia y sufrimiento emocional

Se te pasó por la cabeza, incluso, quitarte la vida. Dicen que la mayoría de los que intentan suicidarse y no lo consiguen se alegran de haber errado en el intento. ¿Te ocurrió lo mismo?

Ese episodio, aunque lo recuerdo con cierta contundencia hacia mi decisión, mis recuerdos son un poco difusos porque tenía 7 años, y solo quería acabar con la locura que era vivir día a día en una comunidad como la que crecí, donde las discusiones, problemas, maltratos, y locuras varias eran el pan de cada día, yo tenía que fingir que no me enteraba de nada, tanto en mi casa como cuando iba al colegio, porque personalmente no creía ni confiaba en ningún ser humano. Eso me llevó a tomar esa decisión, tan límite, porque sentía que el problema principal es que yo daba mucho trabajo y problemas, y por mi culpa aumentaban muchos de los conflictos. Y en mi mente infantil pensaba que quitarme de en medio iba a facilitar las cosas a mis padres. Porque ellos eran los que querían ese camino de vida, no yo. PERO ERA OBVIO QUE MI OPINION JAMAS LA TUBIERON EN CUENTA.

Hoy en día recuerdo ese episodio y siento pena por esa niña que fui, pero estoy orgullosa de mi presente. Además de haberme convertido en esa madre y mujer que necesité en ese momento para salir adelante. Mis hijas, además de mi esfuerzo diario y terapéutico que he realizado estos últimos 20 años, me han enseñado que el dolor no desaparecerá nunca, pero puedo aprender de él y mejorar, para ofrecer a mis hijas mejores habilidades emocionales de las que yo recibí.

«El sexo era como el premio por haber hecho bien las cosas según las normas establecidas por el líder mayor»

Control dentro de la secta

En las sectas de tipo esotérico o pseudorreligioso es muy corriente que en realidad persigan el enriquecimiento económico del líder y/o su satisfacción sexual. ¿Ocurría también en tu grupo?

Es un tema, curioso, a nivel económico, las donaciones, o las inversiones que se hacían dentro de mi grupo era la consecuencia de estar en coherencia con sus ideales, así que no se vivía como que alguien se enriquecía de forma personal, sino como algo lógico donde ese dinero era para un supuesto bien mayor, tanto como la creación de la estructura social que se creó posteriormente con el resto de comunidades de España, para mantenerse en la sociedad, y dar trabajo a los propios adeptos, como los gastos derivados de vivir en pisos de alquiler y alimentación de las personas del grupo o incluso los gastos de los coches que teníamos y los viajes que realizábamos.

Más bien es una estructura bastante comunista, donde todos trabajaban para un supuesto bien mayor pero nadie podía acceder a tener más dinero que nadie. Solo gestionaba ese dinero de cada comunidad una persona asignada por el líder, que consideraba el que tenía mayores capacidades de gestión y liderazgo.

El tema sexual fue algo más complicado para entender y comprender. El sexo era como el premio por haber hecho bien las cosas según las normas establecidas por el líder mayor. Cabe mencionar, que cada grupo trataba el tema de formas muy diferente, había personas que jamás se podían imaginar que había gente teniendo relaciones sexuales clandestinas entre mujeres o personas heterosexuales, porque eso se llevaba muy en secreto y no era expuesto a todos los miembros del grupo. Por eso hay gente que vivió dentro de la ‘Hermandad RAMA’ y JAMÁS han visto nada parecido.

Las nuevas sectas del siglo XXI

Insistes mucho en que las sectas del siglo XXI no tienen por qué ser de carácter religioso. ¿Qué otros tipos de sectas hay?

Cuando doy esa afirmación es porque hay que entender el contexto social que vivimos en la actualidad. Existe una gran masa de personas muy descontenta con la religión, por cuestiones varias, entre ellas no saber dar respuesta a los tiempos que vivimos, o utilizar un lenguaje que no llega al fondo del corazón de las nuevas generaciones, porque hay mucha incongruencia social y conflictos que la religión no ha sabido dar con una solución eficaz.

Además, dentro de la religión hay una infinidad de variedades y caminos al gusto del consumidor, pero siempre con una base muy pragmática de la vida, del bien y del mal que poco deja a la conversación de puntos de vista para un bien mayor, porque todas las religiones tienen su propio camino para darte solución a la vida.

Este debate se puede trasladar a otros ámbitos de la sociedad, las sectas o grupos coercitivos.

Le puedo facilitar tres ejemplos. Pueden estar en el área familiar, como familias con una rígida forma de ser, que en un pasado les funcionó, y era útil ser así, pero no consiguen ver que actualmente el mundo ha cambiado y eso hace que los integrantes puedan verse atrapados en ser ellos u obedecer a su familia para poder ser aceptado en su núcleo familiar.

También existe en el ámbito empresarial, sobre todo a gran escala como estructuras piramidales, que hacen de sus trabajadores una especie de segunda familia, por la cantidad de horas que pasan juntos, y entran en formaciones de empresa, donde buscan la motivación del grupo y trabajan con técnicas persuasivas y de alto control, para conseguir que sus trabajadores nunca duden de estar en la mejor empresa. Y si por algún momento deciden marcharse, pueden sentir la presión del grupo y la coacción de la propia empresa.

Y finalmente, hay un tipo de grupos donde creo que hay que ponerle especial atención y son los adolescentes y jóvenes, porque son los que están más expuestos a las nuevas redes sociales y tecnología, donde de forma suave y estratégica se está creando un mundo paralelo llamado Digital, donde muchos encuentran en esas redes digitales: propósito de vida, amistades, he incluso un medio para ganar dinero, y eso de primeras no parece en absoluto nada peligroso.

El problema acontece cuando llegamos a un punto donde una persona a través de internet, con buenos medios, un buen argumento y sobre todo con una capacidad de venta y persuasión enorme consigue acceder a personas en busca (de sentido de vida, dinero, trabajo, pareja etc.) y le muestran la fórmula mágica a través de una membresía, curso, taller, retiro, o lo que sea. Con el fin de crear “COMUNIDAD” y sentido de pertenencia. Este es uno de los grandes males de estos tiempos en los jóvenes, no entender en la sociedad que han crecido. Y se inician en buscar a través de la IA o las redes sociales explicaciones al mundo que hemos creado.

Crean lo que una vez escuché como DEUDA EMOCIONAL. Y así tienes seguidores, adeptos, likes, o incluso atención. De personas en busca de un bien mayor de lo que sea que quieran. Estamos en una época donde todo absolutamente puede ser posible a un solo clik, y este mundo ideal también tiene una cara oscura que hay que tener en cuenta, antes que sea demasiado tarde.

Salir de una secta

¿Es más difícil salir de estos nuevos grupos? ¿Son más nocivos?

No creo que sea más difícil, porque al final son unas técnicas persuasivas casi similares en cada grupo. ¿De qué depende la dificultad?, pues de la atención que le hayamos dado a la ideología o creencia que defendamos. Cuando nos obsesionamos con un camino que creemos que nos va a dar algo mayor hay que tener en cuenta que también vamos a perder por el camino y ahí es cuando hay que evaluar de forma clara y racional. Porque la emoción es la puerta de entrada de cualquier grupo de alto control.

¿Por qué es tan difícil ilegalizar a los grupos sectarios?

Hay muchas respuestas, pero como afectada en primera persona desde la experiencia y la observación, considero que hacen bien las cosas y son impecables en su trabajo de persuasión y mantenimiento de sus adeptos. Los líderes que gestionan grupos de alto control, como a mí me gusta llamarlos, conocen muy bien los trámites para no llamar la atención en la sociedad. A nivel administrativo lo tienen todo correcto y sus impuestos al día, con todas las gestiones necesarias. Porque ser legal no está implícito con hacer lo correcto.

«Lo que recomiendo es no hablar de forma racional a una persona atrapada por un grupo coercitivo»

¿Qué recomendaría a quiere salir de una secta, pero no encuentra el momento adecuado para dar el paso?

El momento adecuado es difícil encontrarlo. Lo más importante es poner la mente en busca de soluciones y no caer en la emoción. La salida de un grupo de estas características te va atacar en los lugares más íntimos y personales para dejarte sin argumentos y que te arrepientas de decidir tu propia vida. No va ser fácil, pero la libertad de un ser humano no es negociable y eso tiene que prevalecer por encima de cualquier ideología.

El papel de la familia

Y quizá más difícil todavía. ¿Qué recomendación haría a los familiares de alguien que está en una secta y que no quiere salir? ¿Cuáles son los primeros pasos que habría que dar con el familiar?

La familia necesita mucha comprensión. Es este un fenómeno invisible, pero real. Genera muchas emociones encontradas y va justamente a la herida principal de los vínculos dentro de las familias.

Cuando una persona entra voluntariamente a un grupo donde se le va alejando de sus familiares es algo que la familia en general vive de forma muy angustiosa, o por lo contrario consideran que es una obsesión pasajera. Pero si la persona es mayor de edad hay que tener en cuenta que esa situación complica las cosas y que la obsesión es la entrada al fanatismo y a la pérdida del pensamiento crítico y racional.

Lo que recomiendo, en la medida de lo posible, es no hablarle de forma racional a la persona atrapada por un grupo coercitivo. Porque llevarle a la realidad lo alejará de la propia familia, aunque parezca incongruente. Tiene una explicación, y es que están atrapados por emociones muy viscerales y hablarles desde la lógica y la racionalidad solo va a llevar a la persona a un extremo mayor de sus decisiones.

Por otro lado, hay que remarcar que no se puede obligar, ni sacar a nadie de un grupo por la fuerza, porque si en el mejor de los casos se pudiera lograr, esa persona mentalmente quedaría atrapada en la ideología que procesó, y siempre vería culpables a los propios familiares que querían su bienestar. Es un proceso muy doloroso para ambas partes.

Lo que recomiendo es armarse de paciencia, y permitir que el tiempo y el hilo de conexión emocional que la familia tenga con el afectado no se rompa por muchas cosas que pasen. Para que el día de mañana él/ella pueda tener la posibilidad de pedir ayuda.

A día de hoy hay pocos recursos sociales contra esta lacra, pero lo fundamental es gestionar las emociones que vayan surgiendo de la forma más equilibrada posible, incluso de un profesional, para que la situación no acabe destruyendo a la propia familia.




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