Manuel Carneiro Caneda (Santiago de Compostela, 1962) es socio director en FINANZIA Fintech, secretario general de INNOVAÉTICA y profesor invitado en la Universidad Santo Tomás de Colombia. Antiguo profesor en la Universidad Francisco de Vitoria, ha impartido docencia en diversas Universidades y Escuelas de Negocio en España e Hispanoamérica. En lo académico, es licenciado en Filosofía, doctor en Economía, contando además con un MBA y una Maestría en Dirección de Marketing. Ha sido galardonado con los premios CEF Estudios Financieros y AEDIPE (Asociación Española de Dirección y Desarrollo de Personas).

En junio publicó Ser Responsables II: las raíces totalitarias de la idea de libertad, la segunda parte de Ser Responsables I: Libertad sin responsabilidad.
En estos dos últimos años ha publicado dos libros que enfatizan en la idea de la libertad. ¿Está siendo un término mal utilizado?
En gran medida, sí. Actualmente, la palabra libertad es un término que no tiene adscripción, y que es utilizado indistintamente incluso por posturas contrapuestas. Dado el carácter individualista que tiene cada vez más nuestra cultura y la sociedad misma, sobre todo la europea, la libertad se está acercando mucho a la individualidad radical, desatendiendo incluso nuestras obligaciones colectivas.
La izquierda siempre levantó esa bandera frente a la tiranía que explotaba al pueblo. Ahora la derecha la enarbola frente a una izquierda que todo lo hace ley. ¿Dónde está ahora la libertad?
Pues en un ámbito que podemos denominar como negativo, es decir, la libertad supone ahora localizar lo que NO se debe hacer, está constreñida por los límites que impone el ‘bien pensar’ por no denominarlo lo políticamente correcto, ya muy manido. Ya no se entiende la libertad como transgresión, sino más bien con no alterar, como un no molestar. Y eso es la antilibertad.
En Ser Responsables II el nazismo está muy presente. El libro está prologado por la hija de Violeta Friedmann. ¿Qué significa para usted contar con el respaldo de la presidente de la Fundación Violeta Friedmann?
Además de un gran honor, a través de Patricia Weiss Friedman todavía vive su madre, Violeta, y, por lo tanto, el recuerdo y la memoria de lo ocurrido en Europa en aquellos años terribles del totalitarismo. Pretende ser el mínimo homenaje que les debemos a quienes dieron su vida, en muchas ocasiones inconscientemente, por la libertad frente a la opresión de la tiranía y los regímenes totalitarios, sean estos del signo que sean.
«En España, con un gobierno supuestamente de progreso, se están dando los momentos más restrictivos en el ejercicio de las libertades institucionales y cívicas»
Usted hace un paralelismo precioso entre el totalitarismo y la mordedura de una serpiente. Las tiranías ya no se instalan con golpes de Estado sino cercenando la libertad de expresión de los medios, disminuyendo la independencia de los tres poderes, tapando los casos de corrupción de las personas cercanas al presidente… ¿En qué estado está ahora España?
El caso de España, hoy mismo, es muy curioso. Con un gobierno supuestamente de progreso, se están dando los momentos más restrictivos en el ejercicio de las libertades institucionales y cívicas. No me refiero a la libertad con minúscula, a lo que suponen las privaciones personales, esas que se encuentran amparadas por Europa, sino a las que se refieren al respeto por las funciones de los poderes del Estado que no sean el Ejecutivo. Es algo inaudito y motivo de enorme preocupación, y que tendrá consecuencias negativas muy importantes a corto y medio plazo. En realidad, ya las tiene.
Estamos en la época de Trump, Putin, en un periodo en el que el conflicto entre Israel y Palestina se quiere zanjar de una vez mediante la exterminación del enemigo. Y todos hablan en nombre de la libertad. ¿Se siguen cultivando las raíces totalitarias de la idea de libertad?
Absolutamente. La libertad se ha convertido en un lema, una palabra tópica utilizada para justificar un individualismo radical, una apelación a la primacía de mis deseos ante las necesidades de los demás. Y por ello, todo lo que me beneficia y que afianza mi preponderancia ante otros, lo convierto en las razones para justificar que actúo libremente; y eso, que me lo respeten. Y no es así. Lo colectivo no es la suma de las individualidades, sino el contenedor donde se instala mi libertad, los límites de mi actuar. Una de las bases de la libertad es la responsabilidad, y eso es ineludible.