Jürgen Habermas (18 de junio de 1929 – 15 de marzo de 2026) fue uno de los filósofos y sociólogos más influyentes del siglo XX y comienzos del XXI. Su trabajo se desarrolló principalmente dentro de la tradición de la Escuela de Frankfurt, corriente intelectual dedicada a analizar críticamente la sociedad moderna, la cultura y el poder.
En 2004 protagonizó un histórico ‘duelo de intelectuales’ con el entonces cardenal Ratzinger
Habermas estudió filosofía, historia, psicología y literatura alemana en varias universidades alemanas. Fue asistente del filósofo Theodor W. Adorno en el Instituto de Investigación Social de Frankfurt, donde profundizó en la teoría crítica. Con el tiempo desarrolló su propio enfoque, centrado en la importancia del diálogo racional y la comunicación para la democracia.
Su obra más influyente es Teoría de la acción comunicativa (1981), donde plantea que la sociedad puede coordinarse a través de la comunicación orientada al entendimiento. También es conocido por su concepto de Historia y crítica de la opinión pública (1962), en el que analiza cómo se formó la esfera pública moderna y su papel en la vida democrática. Además en 2004 protagonizó un histórico ‘duelo de intelectuales’ con el entonces cardenal Ratzinger, futuro Papa Benedicto XVI.
A lo largo de su carrera, Habermas ha defendido la democracia deliberativa, los derechos humanos y la integración europea. Su pensamiento ha influido profundamente en la filosofía política, la sociología, la teoría del derecho y los estudios de comunicación, convirtiéndolo en una figura clave del pensamiento contemporáneo.
La primera generación de la Escuela de Frankfurt la representaban:
Max Horkheimer (1895–1973): director del Instituto desde 1930 y figura central del grupo. Definió el proyecto de la teoría crítica, diferenciándolo de las teorías tradicionales.
Theodor W. Adorno (1903–1969): filósofo y sociólogo que analizó la cultura de masas y la industria cultural, especialmente en su obra conjunta con Horkheimer.
Herbert Marcuse (1898–1979): desarrolló una crítica del capitalismo avanzado y de la sociedad tecnológica; influyó mucho en los movimientos estudiantiles de los años 60.
Walter Benjamin (1892–1940): aunque no fue miembro formal del instituto, su pensamiento fue muy influyente en el grupo, especialmente en estética y cultura.
Erich Fromm (1900–1980): integró el psicoanálisis con el marxismo para estudiar la psicología social.
Leo Löwenthal (1900–1993): trabajó sobre sociología de la literatura y cultura de masas.
Friedrich Pollock (1894–1970): economista del instituto, importante para los análisis del capitalismo y el Estado.
Y la segunda, claramente lidera por Habermas, se completaba con:
Karl-Otto Apel (1922–2017): desarrolló la ética del discurso, muy cercana al pensamiento de Habermas, centrada en la fundamentación racional del diálogo moral.
Albrecht Wellmer (1933–2018): trabajó sobre estética, racionalidad y modernidad desde la perspectiva de la teoría crítica.
Claus Offe (1940– ): analizó el Estado, la democracia y las crisis del capitalismo avanzado.
Posteriormente hubo una tercera generación:
Axel Honneth (1949– ): es considerado el autor central de esta generación. Desarrolló la teoría del reconocimiento, según la cual muchos conflictos sociales se explican por la lucha por el respeto, la dignidad y el reconocimiento social.
Nancy Fraser (1947– ): trabajó sobre justicia social combinando redistribución económica y reconocimiento cultural, además de estudiar el feminismo y la esfera pública.
Y una cuarta:
Rainer Forst (1964– ): desarrolla una teoría de la justicia basada en el derecho a la justificación, defendiendo que todo poder debe poder justificarse racionalmente ante los afectados.
Rahel Jaeggi (1967– ): trabaja sobre crítica de las formas de vida y del capitalismo, renovando el enfoque crítico de la sociedad.
En el último artículo de Habermas en EL PAÍS, publicado el 30 de noviembre de 2025, escribió, casi a modo de epitafio: «Al final de una vida política más bien favorecida por las circunstancias, no me resulta fácil llegar a esta conclusión implorante, pero lo cierto es que una mayor integración política, al menos en el núcleo de la Unión Europea, nunca ha sido tan vital para nosotros como lo es hoy. Y nunca ha resultado tan improbable».