Hubo una Málaga donde el centro no era solo un lugar de paso, sino el escenario real de la vida de sus vecinos. Un tiempo en el que las calles «hervían de malagueñas maneras» y el pulso social se sentía en cada esquina.
Recuperar estos recuerdos permite poner en valor la identidad y las costumbres de una capital que, a pesar de su modernización, guarda con recelo la esencia de su pasado más auténtico.