Racismo y fútbol: poder, prueba, credibilidad. Caso Prestianni–Vinícius
Guardiola: «Ni el lugar donde naciste ni el color de la piel nos hace mejores ni peores. El racismo está en todas partes»

Un partido detenido. Diez minutos de incertidumbre. Un estadio expectante. Una acusación grave sin prueba audiovisual concluyente.

Eso fue lo que ocurrió en el encuentro entre el Real Madrid y el Benfica cuando Vinícius Jr. Denunció: Gianluca Prestianni lo había llamado “mono”. El futbolista argentino sostiene que dijo “hermano”. No hay registro técnico que permita confirmar con certeza una u otra versión.

A partir de ese instante, el episodio dejó de ser una discusión de cancha. Se convirtió en un nuevo capítulo del debate sobre el racismo en el fútbol europeo.

 

La presunción de inocencia es una garantía básica en cualquier sistema democrático. Pero el contexto complica el análisis

Una palabra contra otra

Los insultos raciales en el deporte presentan un problema estructural: son hechos verbales, fugaces, sin registro sonoro claro. Para hacer justicia se coloca a las autoridades ante un dilema clásico: no hay sanción sin prueba.

La presunción de inocencia es una garantía básica en cualquier sistema democrático. Pero el contexto complica el análisis.

Vinícius acumula más de quince denuncias por racismo desde 2021. Esto no prueba este caso puntual, pero revela que el fenómeno no es aislado entorno al fútbol europeo.

El desafío institucional es delicado: evitar la impunidad sin debilitar las garantías jurídicas.

 

Intervienen UEFA y Estado

A diferencia de otros episodios, que quedaron en el ámbito deportivo, aquí intervino la Autoridad para la Prevención y la Lucha contra la Violencia en el Deporte de Portugal. La investigación de la UEFA también está en marcha.

La dimensión penal o administrativa cambia el escenario. No se trata solo de una sanción disciplinaria sino de un posible reproche estatal.

Aparece otra tensión: ¿cómo actuar con firmeza frente al racismo en el fútbol sin dejarse llevar únicamente por presión mediática?

 

Prestianni habló cubriéndose la boca, un gesto es habitual. Jugadores, técnicos y árbitros lo utilizan para evitar la lectura de labios

El gesto y el contexto

Prestianni habló cubriéndose la boca, un gesto es habitual. Jugadores, técnicos y árbitros lo utilizan para evitar la lectura de labios.

Sin embargo, en este contexto el gesto adquirió otra lectura. Para unos, señal de ocultamiento; para otros, práctica común magnificada por la situación.

El contexto redefine el significado de una acción. El mismo movimiento se interpreta como prudencia o sospecha, según el contexto.

 

El poder de Vinícius

Un punto central que merece análisis frío.

Vinícius no es solo un jugador del Real Madrid. Es una figura global del debate sobre racismo en el fútbol, comparado con Lewis Hamilton o Colin Kaepernick por su activismo y capacidad de instalar agenda pública.

Este partido estuvo detenido diez minutos tras su denuncia: su palabra tiene peso estructural.

El poder no invalida una denuncia. Pero sí amplifica sus efectos. Cuando un jugador con ese nivel de visibilidad señala un hecho, la respuesta institucional es inmediata; el impacto reputacional también.

Y, ¿cómo gestionar una denuncia grave cuando quien la formula posee capital simbólico significativo?

 

Provocación deportiva y discriminación: planos distintos

En paralelo, otra discusión incómoda.

Vinícius es un futbolista provocador. Recuerda las 15 Champions del Real Madrid o subraya la diferencia de jerarquía frente a sus rivales. Es parte del choque competitivo. Puede ser soberbia, puede generar enojo, pero pertenece al terreno deportivo.

Otra cosa es un insulto racial: ahí no se ataca al rendimiento sino a la identidad.

Desde el punto de vista criminológico y social, no son equivalentes. La provocación deportiva es confrontación. El racismo es discriminación. Confundirlos, problemático.

 

Dos respuestas generacionales

¿Hay cambio cultural?

El modelo actual, representado por Vinícius, apuesta por la denuncia formal, la intervención arbitral inmediata y la presión institucional.

Antes, la respuesta fue distinta. Ronaldinho: goles y rendimiento. Dani Alves, comiendo la banana que le arrojaron antes de ejecutar un córner.

No es superioridad moral. Son estrategias distintas frente al mismo fenómeno. Una confronta el sistema. La otra lo elude. El fútbol europeo parece hoy inclinarse por la primera.

 

El riesgo de la credibilidad

Este caso abre tres escenarios posibles.

Si no aparecen pruebas suficientes, puede instalarse la percepción de que denunciar no tiene efecto. Desalentaría futuras víctimas.

Si se demuestra que el insulto no existió, el impacto reputacional sobre el denunciado ya habrá ocurrido y la credibilidad del denunciante disminuiría.

Si se confirma la agresión, el mensaje institucional será claro: el costo del racismo aumenta y la respuesta es inmediata.

En los tres supuestos, el impacto excede a Prestianni y a Vinícius. Afecta la estructura y gestión del fútbol europeo. En materia de racismo y fútbol, la confianza pública es un activo delicado.

 

Está en juego el resultado de un partido y la credibilidad del sistema y cómo el fútbol europeo decide enfrentar uno persistente problema

Punto de inflexión

Este caso refleja la tensión central del deporte moderno.

¿Cómo combatir el racismo en el fútbol sin debilitar las garantías del proceso? ¿Cómo proteger a la víctima sin convertir sospecha en condena automática?

Encontrar el equilibrio óptimo es imprescindible. Está en juego no únicamente el resultado de un partido. También la credibilidad del sistema y cómo el fútbol europeo decide enfrentar uno persistente problema.

Empecemos la discusión.

 

Eduardo Muñoz y H. G. Amo acaban de publicar La doble cara del gol, que llegará a las librerías el 16 de abril.

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