Cuando te financian intereses opuestos a los que dices defender, las contradicciones no tardan en asomar
Suele pasar: cuando te financian intereses opuestos a los que dices defender, las contradicciones no tardan en asomar. No somos pocos los que, desde hace años, venimos señalando las incoherencias geopolíticas de Vox: mucha retórica antiglobalista y soberanista, pero defensa férrea de la OTAN, brazo armado del globalismo; mucha lágrima por el “genocidio” de cristianos en Nigeria, Pakistán o Siria, pero silencio atronador —o excusas peregrinas— cuando las IDF bombardean barrios cristianos en Gaza o Líbano, destruyen iglesias centenarias o, directamente, impiden al patriarca católico celebrar la misa del Domingo de Ramos en el Santo Sepulcro.
Así es. Este mismo marzo de 2026, la policía israelí bloqueó al cardenal Pierbattista Pizzaballa y al custodio de Tierra Santa el acceso a la basílica más sagrada del cristianismo. Primera vez en siglos. El motivo oficial: “seguridad”. La reacción de Vox: horas de mutismo absoluto. Cuando por fin habló, un tuit educadito pidiendo “explicaciones” y recordando que “los cristianos mantienen intacta su libertad religiosa”. Tibio, protocolario, casi sumiso. Hasta el presidente Sánchez condenó el atropello con más contundencia.
La prioridad del Evangelio debe estar por encima de cualquier consigna electoral de corte etnicista
Ahora, con la matraca de la “Prioridad Nacional” —el último eslogan mercadotécnico para calentar redes y forzar pactos autonómicos con el PP—, les han crecido los enanos en el seno de la Iglesia Católica. “La prioridad del Evangelio”, que es faro y guía de todo buen cristiano, debe estar por encima de cualquier consigna electoral de corte etnicista, vienen a decir desde la Conferencia Episcopal. En perfecta consonancia con lo que declara el Santo Padre, León XIV, heredero legítimo del pescador de hombres que predicaba no solo a judíos sino también a gentiles, samaritanos y romanos. En la línea del carácter universalista de la Iglesia de Cristo, y muy alejado del mesianismo endogámico de cualquier “pueblo elegido”.
Si te presentas como el partido que defiende la civilización occidental cristiana frente al islamismo radical… perfecto. Pero no puedes hacerlo mientras priorizas la alianza estratégica con un Estado que, en la práctica, trata a los cristianos de Gaza como ciudadanos de segunda.
Vox tiene derecho a elegir sus aliados pero no puede es seguir vendiendo que su corazón late primero por la Cruz cuando parece latir más fuerte por la Estrella de David
Vox tiene derecho a elegir sus aliados, sólo faltaba. Lo que no puede es seguir vendiendo que su corazón late primero por la Cruz cuando, en los momentos clave, parece latir más fuerte por la Estrella de David. O, como mínimo, por el realismo geopolítico que pone a Israel por encima de la solidaridad concreta con los católicos de Oriente Medio.
La Iglesia sigue recordando que el prójimo no es solo el de mi país, mi partido o mi religión
La Iglesia, mientras tanto, sigue recordando lo obvio: el prójimo no es solo el de mi país, mi partido o mi religión. El Evangelio no lleva bandera nacional. Y si Vox quiere seguir llamándose defensor de las raíces cristianas de España, quizá debería empezar por no contradecirlas cada vez que Tel Aviv llama a la puerta.