La situación inmobiliaria en Málaga ha llegado a un punto crítico que está transformando radicalmente la vida de sus ciudadanos. En una reflexión que se ha vuelto viral, se resume perfectamente el cambio de paradigma que sufre la provincia: se ha pasado de analizar en qué barrio de la capital era posible comprar una vivienda, a tener que buscar en qué pueblo del interior es posible, simplemente, «medio sobrevivir». Este sentimiento de precariedad refleja la frustración de una generación que se ve expulsada de sus barrios de origen por unos precios inasumibles.