Peter Drucker y el fin del ego: la comunicación como única vía de autoridad
Liderar no es mandar. Liderar es inspirar, es ayudar a que tu equipo dé su 100%.

Peter Drucker lo vio venir antes que nadie: el modelo del líder autocrático, ese que utiliza a las personas como peldaños para su propio ascenso y luego las desecha, es insostenible.

El liderazgo vertical, basado en el «ordeno y mando», ha muerto. Sin embargo, muchos ejecutivos siguen ejerciéndolo sin ser conscientes del coste real: el silencio de su equipo.

Cuando impones, matas la innovación y fomentas la fuga de talento. Muchos líderes se preguntan frustrados por qué están solos en la cima o por qué nadie aporta ideas nuevas, sin darse cuenta de que su estilo ha condicionado ese resultado. No es falta de compromiso del equipo, es una desconexión total por parte del líder.

La realidad actual no tolera a ejecutivos que evitan el consenso por miedo a perder autoridad. Hoy, el juego exige un liderazgo horizontal. Como bien señalaba Ronald Stern, amigo personal de Drucker, el ejecutivo moderno fracasa frecuentemente por falta de humildad para trabajar con colaboradores, no con subordinados.

 

No existe liderazgo real sin una excelente capacidad de comunicación, pues es la única herramienta que permite transformar la autoridad técnica en influencia humana.

 

Si eliminamos la jerarquía del miedo, ¿qué nos queda para dirigir? Nos queda la palabra.

La transformación comienza en uno mismo. Drucker tenía razón sobre el ego, pero sobre todo, tenía razón sobre cómo conectamos con los demás.

 

Íñigo Saénz de Urturi es autor de La magia de la comunicación.

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